~ El parto de los montes: cosas de cada cual
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18 may 2010

Del Bacarrá i altres expressions maternes

No és per res, però trob que mos hem desinflat. Fa devers 10 dies que ningú escriu res a El Parto, així que ho faré jo, xerrant d'una sèrie d'expressions que formen part de la meva vida, i que jo atribuesc a mu mare, ja que tenia bó de fer dir-les:

1.- "Això és l·lè" (no sé massa bé com escriure-la), però bé, tots sabem que fa referència a lo bó que havia sortit, per exemple, el dinar.
2.- "Obras son amores y no buenas razones" amb aquesta frase lapidaria acabava la bronca quan li entregava les notes i la volies desagraviar una mica donant-li un beso o una afarrada pel coll.
3.- "Això es hablar por no callar" que utilitzava quan xerraves per xerrar i que no s'ha de confondre amb l'expressió francesa "això és un pur parler" que deia quan no volia donar cap trascendència a allò que deia o trobava que el que tu deies no tenia cap importància.
Però sens dubte, la més lapidària, la més sentenciadora era aquella de "Pau, aquest mes faràs bacarrá!!", i el pitjor de tot és que jo sabia ben cert que ella tenia raó.

He de reconèixer que la de "obras son amores" me feia molta ràbia i la trobava bastant injusta, però avui, passasts un bon grapats d'anys, totes i cada una d'elles les record amb carinyo.


Bé a veure si ens animam a reactivar una mica aquest bolg, no fos que ens oblidem.

Salut per tots i molts de besos a mu mare

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21 mar 2010

Insomnio

¡Oh, quieran los dioses resolver a mi favor el cruel destino de una larga noche de insomnio!

Despierto en la madrugada escuchando voces en la calle, tan cerca de mi balcón que podrían estar hablando conmigo, pero no les entiendo. Ciudad turística, verano. Extranjeros sin duda zanjando su noche de farra en un extraño idioma al pie de mi ventana. Una jerga perversa la suya, que me impide conciliar el sueño.


-dammit, hvad der gør varme
-der er fugt til
-Tage et par øl
-Jeg tog en pedal, som jeg har
(griner)
(mere latter)
-Hvis du og din gamle hjem betaler cut

Me asomo a la ventana, son tres chicos jóvenes, demasiado jóvenes, con los ojillos achispados, demasiado achispados.

-Shhhhhhhh- digo, sabiendo que no entenderán el habitual ¡a callar, malditos!

Levantan los ojos y me ven. Sonríen. Nada en su aspecto conduce a pensar que procedan de tierras lejanas, cualquier de ellos podría ser el nieto de mi vecino o el hijo de mi cuñada.

-shhhhhhhhhhhhh- repito

-Et synspunkt har vakt? jajajaja forgiveth- responden

Se ríen, ¡perros de la noche!, se están burlando de mí. Desecho el amable bisbiseo que he proferido en respetuoso idioma mundimundial, y decido cantarles claramente las cuarenta en la lengua en que mejor me expreso, ¡ya verán los desdichados cuando lance mi maldición!

Ni corta ni perezosa grito lo que estoy pensando:

-En lydløs, forbandet, syge-ray vil blive delt, og at tænderne vil falde, vil du korrupte livmoderhalsen, du lugter din armpits ...


(...)

No tengo palabras para explicar lo que sentí al escuchar mi perorata. Se me paralizaron los pulsos, se me perdió la color, se me enturbiaron los ojos, se me quebró la razón...

Ya no conseguí volver a dormirme, no paré de decirme cosas y fuera lo que fuera lo que dijera, la jerga resultante era tal que no podía entender lo que decía. Encendí la radio y no pude entender lo que escuchaba, cogí un libro y no pude leer lo que ponía. Recordé que tenía un comic sin texto, solo dibujo: las imágenes estaban al revés o caídas sobre el costado o boqueando como peces de colores en una pecera sin agua.

¡Oh, quieran los dioses resolver a mi favor tanto desatino!

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19 mar 2010

De caracoles y de hombres



Si yo hubiera tenido que elegir a un animal para ser friki incondicional suyo, hubiera elegido al caracol. Son criaturas tan complejas y extraordinarias que no puedo evitar sentirme atraída por ellos.

Naturalmente es una relación asimétrica, sin parangón por su parte, ellos pasan absolutamente de mí: ningún caracol me necesita ni me mira con cara de poder prestarme sus ojos o cualquiera de las otras partes de su cuerpo si hubiera de necesitarlos. Ningún caracol ladea la cabecita de tal manera que me permita intuir que me escucha. Los caracoles me ignoran estrictamente. Los veo esconderse entre las piedras, trepar por el tronco húmedo de los almendros o recorrer las hojas de los geranios dejando a su paso un reguero de baba. Me planto frente a ellos para ver si querrían esconderse entre mis zapatos, trepar por mis piernas o recorrer mi mano, pero no. Yo no existo para ellos, ni siquiera me esquivan, no lo intentan. Son hermosos y desearía que me tomaran en consideración.

De todos los animales que no me hacen ni caso, sin duda el caracol es el más ignorante de mi existencia.

Sé que entre los humanos, el caracol nunca ha sido un animal bien comprendido. En nuestra relación la cosa empezó a ir mal muy pronto, ya en tiempos bíblicos y nómadas les cogimos manía. (Lo digo en plural porque siento que en este punto de mi análisis debo mantenerme solidaria con el nicho taxonómico que corresponde a mi especie).

La Biblia, digo, lo dejó así:

"29 Y de los reptiles que van arrastrando sobre la tierra a estos tendréis por inmundos: la comadreja, y el ratón, y la rana según su especie,

30 Y el erizo, y el lagarto, y el caracol, y la babosa, y el topo.

31 Estos tendréis por inmundos de todos los reptiles: cualquiera que los tocare, cuando estuvieren muertos, será inmundo hasta la tarde."

Cuando los hombres se hicieron sedentarios y plantaron huertos y jardines, se acentuó la inquina a causa de la voracidad vegetal del muy autónomo caracol. Rosalía de Castro, en su poema LOS TRISTES, resume la situación con mucho tino:

"Cuando en la planta con afán cuidada

la fresca yema de un capullo asoma,

lentamente arrastrándose entre el césped,

le asalta el caracol y la devora."

Marcel Proust, encuentra parte de su inspiración, no toda, por supuesto, en los caracoles. Así, en ‘El tiempo recobrado’ pone de manifiesto, en mi opinión erróneamente, su falta de armonía. (NOTA: La cita que pongo a continuación es larga y prescindible buena parte de ella, pero la pongo entera porque es caracolínea y realmente uno no puede entender a Proust sin los caracoles ni a éstos sin aquél).

“La señora Swann me había escrito unos días antes para que fuera a almorzar con ellos en petit comité. Y, sin embargo, había dieciséis personas, entre las cuales ignoraba yo por completo que estuviera Bergotte. La señora de Swann, que acababa de “nombrarme”, como decía ella, a varias de esas personas, de pronto, inmediatamente detrás de mi nombre, y en el mismo tono (como si no fuéramos más que dos invitados al almuerzo que debían sentir análoga satisfacción en conocerse), pronunció el de Bergotte, el suave y cano Cantor.

El nombre me causó la misma impresión que la detonación de un disparo de revólver hecho contra mí; pero instintivamente, para no quedar en mala postura, saludé; allí delante de mí, como uno de esos prestidigitadores que aparecen intactos y enlevitados entre el humo de un tiro de donde surge una paloma blanca, me estaba devolviendo el saludo un hombre joven, tostado, menudo, fornido y miope, de nariz encarnada en forma de caracol y perilla negra. Y sentí una mortal tristeza, porque acababa de caer hecho polvo no sólo el lánguido viejecito, del que ya no quedaba nada, sino asimismo la belleza de una inmensa obra que yo tenía alojada en el organismo sagrado y declinante que construí expresamente como un templo para ella, y a la que no quedaba sitio ninguno en ese cuerpo achaparrado, todo lleno de huesos, de vasos y de ganglios, del hombrecito chato, de negra perilla, que tenía delante de mí. Y resultaba que todo el Bergotte que yo había elaborado lenta y delicadamente, gota a gota, como una estalactita, con la transparente belleza de sus libros, de pronto no servía para nada desde el momento en que había que atenerse a la nariz de caracol y la perilla negra; como ya no nos sirve la solución que habíamos hallado a un problema sin haber leído bien sus datos ni tener en cuenta que el resultado había de dar una determinada cifra."
(Me encanta Proust. Me encanta que pueda escribir tantas palabras para decir simplemente que el tipo no se parecía en nada a la imagen que se había formado de él. Como dije, hay algo caracolíneo en ello: partiendo de un punto y evolucionando en espiral, se separa y va tomando perspectiva sin llegar nunca a estar lejos...)


El trato salvaje contra los caracoles es propio de sus naturales depredadores, tal cual hábilmente observó Virginia Woolf, que en La señora Dalloway escribió:

"Siempre se hacía a la mar, en Margate, aunque sin perder de vista la tierra, y no aguantaba a las mujeres que temían al agua. El aeroplano giró y descendió. La señora Dempster tenía el estómago en la boca. Hacia arriba otra vez. Dentro va un guapo muchacho, apostó la señora Dempster; y se alejó y se alejó, deprisa, desvaneciéndose, más y más lejos, el aeroplano, pasando muy alto sobre Greenwich y todos los mástiles, sobre la islilla de grises iglesias, San Pablo y las demás, hasta que a uno y otro lado de Londres, se extendieron llanos los campos y los bosques castaño oscuro en donde aventureros tordos, saltando audazmente, rápida la mirada, atrapaban al caracol y lo golpeaban contra una piedra, una, dos, tres veces. "
Y Tolkien, en EL HOBBIT repite casi lo mismo, aunque en su propio contexto:
"En ese mismo momento oyó un graznido áspero. Detrás, sobre la piedra gris en la hierba, había un zorzal enorme, negro casi como el carbón, el pecho amarillo claro, salpicado de manchas oscuras. ¡Crac! Había capturado un caracol y lo golpeaba contra la piedra. ¡Crac! ¡Crac!"
¡Tanto loco matacaracoles moviéndose por el universo!


La humanidad tiene una perversa manera de afrontar la caracolidad. Aceptando la inmundicia en el caracol de la Biblia, afeando su conducta al voraz caracol come-huertos -¡pues qué va a comer, pardiez!-, responsabilizándole de insospechadas narices en rostros feos y, para acabar de arreglarlo, llamándoles gasterópodos, definitivamente les condenamos al más feroz ostracismo. Siendo así, repito, no cabe esperar nada bueno para ellos. Hay quienes preguntados respecto a qué harían en presencia de un caracol responden: "aplastarlo". Típico. Sabed que es el pájaro primordial que anida en la meninge jurásica humana el que motiva tal respuesta. En el fondo de la mente de cada ser humano alienta y persevera un depredador natural de caracoles.
Sin embargo ellos son tímidos, altivos, autónomos, duros, laxos, tersos, traslúcidos, opacos y brillantes aunque algunas de estas cosas parezcan contradecirse entre sí.
Y el mar los ha elegido: los sonidos del mar y de las olas brotan del interior de una concha de caracol y quizás alguno de los grandes tsunamis de la historia se originó en un latido de su corazón. 




 

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14 feb 2010

Viduas i Homes

Era estiu de 1990, érem a Palmanyola i se va rompre sa tanqueta des pou negre, fent que sa brutor sortís a defora, es picapedrer que coneixia Mumare li va dir que no sabia quant podria venir, i com ella trobava que això era urgent va demanar a n’és mecànic de cotxos de Bunyola (amic de Mom pare) que n’hi envia’s un aviat. Es picapedrer que Mumare coneixia va venir a la fi aquell mateix horabaixa, i quant estava fent feina va arriba es de Bunyola, Mumare va sortir defora per donar-li explicacions:
Mumare: per favor no s’enfadi que jo fa sis mesos que som viuda i de tant amb tant necessit un home…
Es picapedrer no va voler escolta més, va posar en marxa es cotxo i va partir, deixant a Mumare amb sa boca oberta.
No l’hem tornat a veure.
Na Marta i jo varem esser testimonis, i encara riem de sa cara de aquell home i de sa presa que li va entrar

PD: Gloria, lo de ses taronges de Sóller es rigorosament cert, edemes des meus germans hi havia n´Antonia Moragues i na Marieta Feliu(pot esser que també en Guiem) que som testimonis.

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10 feb 2010

El absurdo pertinente

Ayer salí a pasear en bicicleta y subiendo por la Santa Cruz se partió el eje del pedal derecho. Lo apañé con un palo y un trozo de cinta que encontré en el suelo. Quedó bien encajado, aunque fijo y muy incómodo. Luego giré hacia el convento de Capuchinos y al ritmo de clin-clin-clin se saltaron tres radios de la rueda de atrás, uno por cada clin.

Como la cosa parecía determinada a seguir mal, tomé el atajo de Los Geranios para volver a casa cuanto antes. Aquella zona, como sabéis, está llena de rampas y socavones, así que se fue rompiendo por partes la bicicleta: cayó el sillín, se descompuso la sujeción del manillar y por último, se partió la cadena. Esto sucedió exactamente ante la puerta de la clínica veterinaria. Había un cartel en la puerta.

Pero, y eso es lo que iba a contaros, últimamente no consigo leer bien.

El cartel de la puerta del veterinario rezaba: “Extraviado setter canela. Se recompensará a quien lo encuentre. Razón aquí ” y yo leí “No abandone aquí su bicicleta rota”. Una y otra vez leí lo mismo. Yo sabía que estaba mal, que leía mal, vaya, pero no conseguía leer mejor. Afortunadamente el ‘aquí’ coincidía en ambas sentencias, de ello extraje la certeza de que siempre hay un nexo, por débil que sea, entre lo correcto y su absurdo pertinente.

Y si estoy leyendo mal, me dije, ¿cómo saber en qué palabras o frases estriba la malignidad de mi lectura? ¿Y si lo que pone realmente es: “Traiga su bicicleta rota. Se recompondrá aquí”? Si hubiera leído esto, ahora lo veo claro, el absurdo pertinente entre ambas sentencias sería menor, pues, además de coincidir el ‘aquí’, concurriría también el ‘se recomp’. Y dos coincidencias aportan mayor aproximación que una.

Por afinar más y depurar errores, miré de nuevo y esta vez leí: “Entre con su bicicleta rota. Se recompondrá aquí”. Eso ya eran tres coincidencias. Cada vez me parecía menos absurdo, ¡qué queréis que os diga!

“Tal vez si espero sin acobardarme todo llegará a ser creíble”, me dije. Entré con la bicicleta en la clínica veterinaria y aguardé en la antesala a que llegara mi turno. Me precedían dos peces que habían llegado con la suya, esto me hizo dudar. Pensé en mi fuero interno que quizás me estaba equivocando.

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