~ El parto de los montes: Arte
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8 feb 2011

Me faig artista

Interessantíssima la historia del padrí Lluis de Cas Notari. Eren nou germans, tots mascles i la mare, que li faltaven dos dits de la ma esquerra, anava amunt i avall per San Joan colcant una somereta. Els seus fills amagats darrera les mates, li tiraven pedres.

Avui he pintat la meva primera vinyeta: recordeu, tal dia com avui comença la vida nova de la nova Antonia abocada a l’art ..., o no.

Que? Vos agrada? Estic pensant seriosament en desviar les meves aficions artistico-literaries cap al dibuix. La  idea es fer una gran historia dibuixada, bé... una petita historieta bastarà. El cas es que no me ve al cap cap cosa que contar, així que accepto sugerencies. 


Molt important:

-Ha de ser una història que es pugui contar amb imatges, ara ja només vull dibuixar i que la historia la pensi un altre.

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31 mar 2010

Marzo en las Ricas Horas del Duque de Berry



Dijimos ya que las láminas del calendario de “Las muy ricas horas del Duque de Berry”, ofrecen una representación idílica de la relación del hombre con la naturaleza. Pero aún así, en medio de la armonía que muestran -y que probablemente no era tal-, hay mucho realismo en ellas y están llenas de imágenes que aportan numerosa información sobre la vida cotidiana y las actividades y trabajos tanto de la nobleza como de los campesinos en los siglos XIV y XV.

El cuadro correspondiente al mes de marzo presenta una escena de elaboración serena y refinada inspirada en los trabajos de los campesinos que preparan los campos al inicio del nuevo año agrícola.

El gusto por la luz y los colores brillantes así como la perspectiva lineal conseguida por medio de la composición geométrica, que proyecta un espacio unitario y permite una inmediata captación del conjunto, distancia la obra de la rigidez medieval acercándola al emergente Renacimiento Quattrocentista o al gusto por los fondos paisajísticos que serán habituales en la pintura de los Primitivos Flamencos, cuyo peculiar estilo empezaba a desarrollarse a principio del siglo XV en el ducado de Borgoña, del que procedían el mecenas y los autores de la obra.



En la parte superior de la imagen, el castillo de Lusignan, uno de los preferidos del Duque de Berry, cruza el paisaje horizontalmente; en la parte inferior y en primer plano, también en la dirección de la línea del horizonte, cierra el dibujo la figura del campesino arando con los bueyes. Los caminos que parten de las esquinas inferiores cruzan en diagonal toda la tierra de labor representada en la franja central de la lámina delimitando espacios individuales que se articulan en un solo conjunto. También los muretes de piedra que cierran las viñas están trazados en diagonal y refuerzan la impresión de diversidad dentro de la unidad pretendida por sus autores. Todo ello hace que la vista del espectador se sitúe en la parte del paisaje en la que se están realizando las labores de preparación de los campos para el período agrícola que empieza.


La disposición de las figuras es muy armónica, están dibujadas respetando la proporción respecto al lugar que ocupan en el paisaje y están perfectamente integradas en el espacio, como se refleja en las sombras emitidas por el campesino y los bueyes del grupo en primer plano, de tal manera que nada cambiaría en la unidad espacial representada si las figuras no estuvieran ahí.


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El castillo de Lusignan era uno de los más grandes castillos de Francia cuando se dibujó esta lámina. Pertenecía al Duque de Berry y se contaba sobre él una curiosa leyenda a la que alude el dragón que lo sobrevuela. Se trata del hada Melusina, esposa de Raymondin que había sido en tiempos remotos el primer señor de Lusignan. Melusina había desposado a Raymondin y le había ayudado a ser un gran señor a cambio de una promesa: nunca intentaría verla en sábado. El marido no cumplió la promesa y ella, que era en realidad una mujer reptil, adoptó su genuina naturaleza y convertida en dragón huyó por la ventana.



Por debajo del castillo la escena representa las labores cotidianas de los campesinos en el mes de marzo. La poda de las viñas, el pastoreo de los rebaños, el arado de los campos de labranza y la preparación del grano que ha de ser sembrado. Incluso estas imágenes que representan las tareas del campo están elaboradas con un gusto muy refinado y aunque reflejen la realidad del trabajo agrícola del mes, lo hacen con un trazo muy idealizado. Tanto los individuos representados, que no manifiestan la tensión del duro esfuerzo que realizan, como la minuciosa representación de los detalles confieren al conjunto ese aspecto plácido y un tanto lírico que caracteriza todo el Libro de Horas del Duque de Berry.


La poda de la viña y limpieza del campo. Cada campesino realiza su parte del trabajo y los viejos sarmientos se recogen en haces de leña. La actitud de los campesinos, las herramientas y todos los detalles del conjunto están minuciosamente descritos.


Un campesino de edad avanzada prepara el campo para la siembra. El arado con ruedas y vertedera permitía hacer un surco mayor y más profundo que el arado romano, era más manejable y menos pesado, facilitaba la maniobrabilidad y mejoraba el rendimiento en las tareas de cultivo.

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Como siempre, me alegraré si os ha gustado. Podéis ver más imágenes de este libro en
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Très_Riches_Heures_du_Duc_de_Berry

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12 feb 2010

Febrero en las Muy Ricas Horas del Duque de Berry

Febrero en las Muy Ricas Horas del Duque de Berry
(Clicar sobre la imagen para verla en una definición óptima)

Los hermanos  Limbourg eligieron una escena de crudo invierno  para representar este mes, el más frío del año, desarrollando el tema con una veracidad y realismo extraordinarios en los detalles.


Sin embargo, a pesar de esta minuciosa prodigalidad realista, el conjunto dibuja una escena serena, pacífica y muy idealizada de una época en la que las formas de vida de los campesinos eran muy rigurosas y en la que el pillaje y los saqueos en un mundo en constante crisis y guerras civiles, era más frecuentes de lo que la imagen del calendario deja entrever.

En el fondo de la imagen se ha pintado una atmósfera densa en la que un cielo pálido cubre una tierra pálida y nevada.  La crudeza del tono y la gradación de color establecida entre el cielo y las colinas nevadas, ponen de manifiesto la habilidad técnica de los artistas acentuando el relieve, los distintos planos y los detalles y dando a lugar a  una original perspectiva atmosférica muy poco frecuente  en la época en que se pintó esta lámina.

En la distancia una aldea duerme entre dos colinas bajo la nieve que se acumula en los tejados de las casas de piedra que rodean la iglesia de alto campanario: sin duda se trata de un pueblo próspero probablemente ubicado en los dominios del Duque de Berry, lo que pone de manifiesto la intención del mecenas por acentuar la imagen de buen gobierno sobre sus tierras y sus gentes. Un arriero  se dirige con paso cansino hacia el pueblo llevando el burro cargado con las mercancías que tiene intención de vender en el mercado.

 En el primer plano está representada con todo lujo de detalles y meticuloso cuidado, una granja de campesinos mucho más acomodados de lo habitual en la época en los campos de Francia:

El silo, el palomar, las colmenas, el carro, los barriles, el aprisco bien lleno de ovejas y cabras, la casa y la misma perfección del recinto empalizado. Todo ello demuestra que la familia dispone de reservas alimenticias de muy buena calidad y una abundante reserva de proteínas para pasar el invierno.
 Poco es el trabajo que se puede realizar en un mes tan frío; cerca de la granja un hombre joven tala los árboles y acumula haces de leña que necesitará quemar en la chimenea del hogar. Otro hombre, cubierto hasta la cabeza con su capa de lana basta y sin teñir, regresa a casa soplándose las manos, con paso vivo y aspecto de tener prisa por llegar y acomodarse ente el fuego.

Los aldeanos medievales desarrollaban pocas actividades en el interior de sus casas, apenas las usaban como dormitorio y cocina y en ellas, por poco que pudieran permitírselo, ardía un buen fuego en invierno.

 En el hogar de nuestros campesinos de febrero luce una gran fogata y dos habitantes inmodestos, hombre y mujer ¿quizás los abuelos?, calientan ante él sus mal llamadas vergüenzas- mal llamadas digo, pues es claro que no están precisamente avergonzados de mostrarlas-. Se trata de una de esas imágenes pícaras tan encantadoras y frecuentes en la pintura y en los relieves tardo-medievales.



 Mientras tanto la dueña de la casa, elegante con su luminoso vestido azul,  se calienta también, pero con más decoro. En el fondo de la habitación están las camas muy bien ordenadas y en las paredes de madera, colgados en barras, las ropas crudas o coloreadas que sin duda la misma familia carda, teje y tiñe. También se vislumbran en la chimenea algunos alimentos colgados entre virutas de humo y en primerísimo plano un gato –el más eficaz cazarratones del reino que nunca faltaba en las casas de los campesinos- juega y se calienta junto al fuego.

Todo en esta imagen invernal está lleno de detalles cotidianos que si se observan con atención aportan mucha información tanto sobre la vida invernal del campesinado francés acomodado como de la habilidad,  maestría  y perfección del arte de sus autores.
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Como siempre, me alegraré si os ha gustado. Podéis ver más imágenes en
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Très_Riches_Heures_du_Duc_de_Berry

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11 feb 2010

El Libro de Horas del Duque de Berry

Tengo insomnio mañanero y mientras dure me propongo realizar una reseña breve mensual sobre el calendario de la más suntuosa obra bibliográfica tardo-medieval.

Se trata de un encargo realizado por el acaudalado bibliófilo francés Jean de Berry (1340- 1416),   hermano del rey Carlos V de Francia,  a los hermanos Limbourg, que eran tres y se llamaban Paul, Herman y Jean, los cuales, entre 1413 y 1416 realizaron un trabajo de excepcional calidad y belleza en  el libro de horas más fastuoso de todos los tiempos. La obra, con sus 130 miniaturas realzadas con oro y plata y más de 3000 letras iniciales doradas, es conocida como las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry. Tanto sus autores como el mismo duque de Berry que la encargó, murieron en 1416 probablemente a causa de de la peste, por lo que la obra quedó inconclusa.

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Fue el francés Jean Colombe, otro excelente maestro de la miniatura, quien tomó y finalizó la obra en 1485 por encargo del duque Carlos I de Saboya, que por tal encargo quedó retratado, juntamente con su mujer, en el folio 75r, en la miniatura de Cristo doliente.

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La parte más fascinante del libro es la que corresponde a los folios del calendario. La mayoría de ellos fueron realizados en su totalidad por los hermanos Limbourg, sin embargo algunos autores sostienen también la participación, hacia 1440, de Barthélemy Van Eyck, concretamente en las miniaturas del calendario de octubre y diciembre y quizás también en algunos detalles de las de marzo, junio y septiembre. En ellas hombre y paisaje aparecen compartiendo escenarios de una belleza sugerente y encantadora con una riqueza compositiva, minuciosidad de detalles y magnificencia cromática excepcional.

En estas páginas se nos muestra una imagen muy idealizada, casi un mundo encantado, de los divertimentos de las clases aristocráticas, sus poderosos castillos, las ciudades góticas amuralladas de suntuosos palacios y nobles preciosamente vestidos viviendo el lujo propio de aristocracia francesa en contraste con los trabajos de los campesinos, su vida sencilla y bucólica y la vehemente belleza del paisaje rural. Un mundo de fantasía, sí, pero minucioso y concreto, que produce un efecto armónico, equilibrado y sereno entre el hombre, la naturaleza y los ambientes arquitectónicos más variados. Probablemente haya que buscar la razón de este mundo idealizado en el hecho de que se trata de una obra realizada durante la guerra de los 100 años contra los ingleses y estuvo pensada para gloriar la paz y las ventajas del buen gobierno.


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Hablamos sin duda del manuscrito iluminado más importante y hermoso del siglo XV, considerado de forma unánime por los especialistas como “el rey de los manuscritos iluminados”
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Pueden verse todas las imágenes del libro en:
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Très_Riches_Heures_du_Duc_de_Berry
(Empezaré por el mes de Febrero, que subiré dentro de un rato... o en mi próximo insomnio mañanero.)

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27 dic 2009

Onagro, el asno salvaje

Al onagro, que no es monstruo ni prodigio.


Queridos, creo llegado el momento de que sepamos algo más sobre criaturas prodigiosas que conviven con nosotros tan alegremente, a veces pareciendo que no lo son, como si tal cosa.

Vamos, que creo llegado el momento de que hablemos de gente seria: de los burros. Pero no burros cualquiera sino de los más salvajes y nobles de todos ellos, aquellos que fueron conocidos y admirados bajo el nombre de Onagros.

Ciertamente se reconoce en el Bestiario Medieval que los onagros son animales y no bestias feroces, pero, “movidos por un enorme coraje y exultantes a menudo de fuerza, arrancan las peñas de los montes. Se los describe en los desiertos de Persia, junto a prodigios increíbles, con cuerpos de buey y cuernos poderosos”.
Y es que el Onagro, asno silvestre y montaraz, según lo cita el diccionario académico de Autoridades de 1737, fue un animal estimado y muy considerado en la antigüedad.  (Nótese que Montaraz es palabra eufónica y cautivadora. A una siempre le apetece encontrar la ocasión de decirla o escribirla. Por eso, por montaraz, está dedicado al onagro, criatura que no es monstruo ni prodigio, este artículo).

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Sigo...

Los hebreos miraron con simpatía al asno en general y al asno salvaje en particular. El Asno salvaje de la Biblia, el onagro asiático, es un animal fuerte y ágil de color rojizo que vive formando rebaños en las estepas palestinas. En la biblia se le menciona casi solamente en versículos poéticos y proféticos.

[Job 6:5 ¿Acaso rebuzna el asno montés junto a su hierba, o muge el buey junto a su forraje?];
[Job 11:12 El hombre vano se hará entendido, cuando un pollino de asno montés nazca hombre.];
[Sal 104.:10-11 Él hace brotar manantiales en los valles, corren entre los montes; dan de beber a todas las bestias del campo, los asnos monteses mitigan su sed];
[Is. 32:14 Porque el palacio ha sido abandonado, hecha un desierto la populosa ciudad. Colina y atalaya se han convertido en cuevas para siempre, un deleite para asnos monteses, un pasto para rebaños]

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Casi al mismo tiempo, en las leyendas mesopotámicas, la diosa Ishtar dedicaba al rey Uruk un voto precioso: “que tu asnillo, con carga, adelante a una mula”, y Gilgamesh, en el canto fúnebre que ofrecía a su amigo Enkidu rememoraba su carácter libre y salvaje recordando que su padre fue el onagro y la asnada lo crió con su leche .  El onagro simbolizaba la Libertad y la Independencia,  pues se afirmaba que nunca se ha dejado dominar por el hombre.

No es exacto, sin embargo, que el Onagro se mantuviera del todo salvaje e indomesticado, pues sabemos que los sumerios, allá por el 2500 a. C., lo usaban ya en sus incursiones militares. También Heródoto, en fechas más recientes, menciona los carros de guerra del ejército persa de Jerjes tirados por onagros. Sin embargo, la idea del onagro indómito subyace en la leyenda caldea según la cual eran criaturas de su especie las que conducían el carro en el que el sol cada amanecer regresaba a la tierra. Y esto era así porque, siendo el único animal imposible de domesticar garantizaba que nadie con malas artes pudiera seducirlos y obstaculizar el viaje del carro solar.

El Onagros de los griegos es el asinus africanus, más rápido, elegante y ligero que el asno doméstico. La tradición griega, que ridiculizó al asno común, asoció sin embargo al onagro con Apolo, un dios cuyo solo nombre es ya luminoso y simboliza la belleza. Cuenta Píndaro en su décima oda Pítica, que los hiperbóreos ofrecían al radiante Apolo magníficos sacrificios de asnos salvajes, y que el dios los aceptaba sabiendo cuán apreciados eran entre los humanos del lejano norte estos animales altivos y fogosos.

Plinio, en el capítulo 46 de su libro VIII, comenta que los machos salvajes mandaban en un rebaño de hembras y, fogosos como eran,  temían a sus competidores en el amor. Por ello castraban a mordiscos a los potrillos machos nada más nacer. De este cruel comportamiento se hacen eco también el Physiologus antiguo, escrito en el siglo II d.C., y el Bestiario medieval. Así mismo sabemos de todas estas fuentes que es un animal que prefiere la noche al día -pues le gusta muchísimo dormir-, y el invierno al verano -pues las noches son más largas y puede dormir más horas-.

 

Otra  característica del Onagro que tanto el Fisiólogo como el Bestiario destacan,  es su increíble y escalofriante rebuzno y las ocasiones en que lo emiten a tan gran nivel que da miedo oírlos. Así, el día 25 de cada mes de Famenòth (marzo), tan pronto distinguen los salvajes asnos que es el día del equinoccio,  rebuznan 12 veces, y así conocen el Rey y la corte que empieza la primavera. Ved lo el significado de todo ello tal como lo cuenta el bestiario:

“Cuando el diablo advierte que decrecen sus gentes, como lo hacen las horas de que consta la noche después del equinoccio de primavera, que tenemos en verano, empieza entonces a gritar, a lamentarse con fuerza, como lo hace el asno que rebuzna y brama”. (Philippe de Thaun, autor en el siglo XI de uno de los bestiarios más atención por parte de historiadores del arte, literatos y filólogos ha recibido).


Otra circunstancia en la que el rebuzno del onagro da la medida de su salvaje naturaleza es el momento en que, a causa del hambre, braman con tal fuerza que pueden llegar a reventar completamente. Esta característica del onagro que le conduce a la autodestrucción la explica el bestiario en semejanza a algunos hombres que “cuando tienen un asunto en la corte o en otros lugares ( por intereses suyos o para demostrar sus derechos), gritan y hablan tanto, con tanta furia y tan iracundamente, que todos se apartan de ellos. (Y así, si algún buen derecho tienen, lo pierden por su hablar desquiciado), y quedan confundidos y rotos (…) pues todo hombre iracundo cuando quiere ayudarse a sí mismo, se desayuda.” (De los Bestiaris catalans editados por Severio Panuncio en el siglo XV, según los cita Ignacio Malaxecheverría).

Está claro pues que el salvaje, libre e indómito onagro recibió consideración y respeto en las antiguas culturas, aprecio que se fue perdiendo en Grecia y Roma y llegando a ser considerado una bestia brutal y diabólica en la Edad Media. Poco a poco irá adquiriendo, prestadas o transferidas al asno doméstico, las cualidades negativas de torpeza, obstinación, pereza y rijosidad con la que ha llegado al imaginario actual, en la que si uno es un burro es simplemente burro: ¡faltaría más!

 

Pero al asno doméstico voy a dedicar un próximo capítulo, así que de momento, dejo este aquí tal cual está.

Nota sobre las imágenes:

la representación del onagro en la iconografía artística, es muy escasa, no es fácil encontrar imágenes de este animal. He puesto en este trabajo algunas extraídas de los bestiarios medievales y otras más que no tienen nada que ver con el onagro, sino con la romería de caballos, asnos y demás solípedos que nos regala El Bosco en su panel central del Jardín de las delicias.

 

Algunos apuntes bibliográficos: 

Historia natural VII-IX. Plinio el Viejo. Biblioteca clásica Gredos
El asno inverosímil. Cristóbal Serra. Col. Biblioteca Parva de Cristóbal Serra; Ediciones Cort.
El asno ilustrado. Manuel Lozano Pérez Ramajo. Imprenta Nacional (Madrid)
Bestiario Medieval. Ignacio Malaxecheverría. Selección de lecturas medievales; Ediciones Siruela.
El Bestiario de Cristo, Vol.I;  L. Charboneau-Lassay; col. Sophia Perennis; Ediciones Olañeta.
 

 Me alegraré si os ha gustado.

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