Escena séptima. También habrán comprobado cómo una de las cosas más sencillas y rápidas a la hora de comprar algo -pagar-, se ha convertido en la más enrevesada e inacabable, lo cual explica las enormes colas ante cualquier caja registradora. Antes la gente sacaba unas monedas o unos billetes, los entregaba, recibía el cambio y se largaba sin más. Ahora la operación es complicadísima y eterna. La dependienta pasa el objeto adquirido varias veces por un hueco, para desmagnetizarlo y que no pite al salir; luego lo pasa por otro sitio para que su código de barras sea leído, por lo regular sin éxito, por lo que al final ha de teclear unos números extraños que antes debe consultar. Después le arranca trabajosamente etiquetas con un cúter. A continuación pregunta al cliente si tiene carnet del comercio en cuestión, o de socio preferente, o de puntos, o no sé qué de doble cero, y como todo el mundo tiene algo, pasa el plástico correspondiente para aplicar descuento o acumular lotería o lo que sea. El comprador saca entonces la visa, la empleada le pide el DNI, aquél no lo encuentra; cuando por fin da con él en el fondo del bolso, a menudo la tarjeta no funciona. "¿Tiene otra?", y vuelta a rebuscar. "A ver, pruebe con esta". Por fin la segunda es aceptada, y el cliente ha de desplazarse hasta una pantallita en la que debe firmar, pero la firma con frecuencia no se ve, así que a intentarlo de nuevo con pésimo bolígrafo. ¿Hemos terminado? En modo alguno. "Es para regalo", dice el comprador, y entonces se procede a envolver un escuálido CD con toda clase de lacitos y perifollos. No saben cuántas veces he dejado lo que llevaba en la mano al ver que me precedían tres o cuatro personas obligadas a pasar por este largo trance. Siempre pago en efectivo, eso que la gente ha olvidado y que en algunos países ya es hasta motivo de sospecha.
Escena octava. Si uno entra en una farmacia española, debe saber de antemano que se pasará media tarde allí. Es comprensible que alguien haga una consulta, del tipo "¿Qué me recomienda para el dolor lumbar?" Lo que ya no lo es tanto, y sin embargo sucede sin cesar, es que el comprador de cualquier medicamento explique al empleado por qué lo toma y lo necesita, cómo y cuándo se lo administra, lo que le dijo el médico al respecto, el efecto que le hace o no le hace y cómo su prima, que también lo probó, le tenía intolerancia. Si uno aguarda su turno en una farmacia, es raro que no se vea obligado a escuchar un par de disertaciones más bien deprimentes sobre eczemas, o antiastringentes, o antidiarreicos, o sobre los diversos y originales comportamientos de un cuerpo en perpetua observación. No sé cómo no hay más suicidios en el gremio de los farmacéuticos.
Escena novena. Cada vez hay más individuos con perros por las calles de las ciudades. Si digo "perros", es porque ya es menos raro el sujeto que lleva dos o tres que el que tira tan sólo de uno, como acaecía antaño por lo general. Estos dueños de perros, habrán observado, se gastan unas correas flexibles que les permiten darles a sus animales cuanta cuerda necesiten, de tal manera que, entre los muchos chuchos y las larguísimas correas, ocupan la acera entera y la convierten en una trampa mortal para los transeúntes sin bicho. Uno tropieza, se cae, con el consiguiente alboroto canino, o bien queda enredado y atrapado en una madeja que en pocos segundos lo hará sentirse como una momia vendada y quizá embalsamada.
Escena décima. Si a esto añadimos que en numerosas ciudades, pero sobre todo en Madrid, el Ayuntamiento llena las calles de malignos obstáculos (aquí un quiosco descomunal, allí unos chirimbolos, más allá mil bolardos, cinco contenedores de tamaño gigante, ochocientos andamios, vagones de cascotes, torrecillas del metro, pivotes, papeleras que nadie vacía y que rebosan porquería que cae a los suelos, máquinas de barrer que emiten un espantoso ruido y levantan más polvo del que recogen, mimos odiosos, bandas de pseudomariachis y de pésimos músicos de jazz, por no hablar una vez más de las zanjas, socavones y vallas de las infinitas obras), caminar por ellas supone jugarse la vida, o por lo menos las piernas.
Escena undécima. Tal vez por eso, y porque se ha perdido toda traza de cortesía y educación, ya casi nadie cede el paso ni tan siquiera se "estrecha" al cruzarse con alguien. La mayoría de la gente no se aparta ni desvía un ápice de su trayecto, como si los demás fueran invisibles, y lo normal es que, si no tiene uno la prudencia de hacerse a un lado, sea arrollado o reciba un topetón. No importan el sexo ni la edad de los peatones autómatas: lo mismo un joven con sus cascos de música que una señora gorda con su móvil al oído, nadie facilitará el paso simultáneo de dos caminantes, todos se limitarán a embestir.
Escena duodécima. También es cada vez más difícil adelantar a nadie. No se sabe por qué causa, una sola persona tiende a ocupar la acera entera, bien porque zigzaguea, bien porque se "ensancha" inverosímilmente, a lo cual contribuyen no poco las abultadas bolsas que todo el mundo porta. Si ya van dos o tres personas juntas, taparán la calle durante minutos como una barrera infranqueable. Entre unas cosas y otras, yo suelo avanzar por la calzada, en permanente riesgo de ser atropellado por un coche y morir, lo más probable es que junto a un bolardo o a un perro que ladra. La verdad, no sé cuál preferiría que fuera mi última visión.
31 mar 2010
Escenas
Marzo en las Ricas Horas del Duque de Berry

Dijimos ya que las láminas del calendario de “Las muy ricas horas del Duque de Berry”, ofrecen una representación idílica de la relación del hombre con la naturaleza. Pero aún así, en medio de la armonía que muestran -y que probablemente no era tal-, hay mucho realismo en ellas y están llenas de imágenes que aportan numerosa información sobre la vida cotidiana y las actividades y trabajos tanto de la nobleza como de los campesinos en los siglos XIV y XV.
El cuadro correspondiente al mes de marzo presenta una escena de elaboración serena y refinada inspirada en los trabajos de los campesinos que preparan los campos al inicio del nuevo año agrícola.
El gusto por la luz y los colores brillantes así como la perspectiva lineal conseguida por medio de la composición geométrica, que proyecta un espacio unitario y permite una inmediata captación del conjunto, distancia la obra de la rigidez medieval acercándola al emergente Renacimiento Quattrocentista o al gusto por los fondos paisajísticos que serán habituales en la pintura de los Primitivos Flamencos, cuyo peculiar estilo empezaba a desarrollarse a principio del siglo XV en el ducado de Borgoña, del que procedían el mecenas y los autores de la obra.
***
Por debajo del castillo la escena representa las labores cotidianas de los campesinos en el mes de marzo. La poda de las viñas, el pastoreo de los rebaños, el arado de los campos de labranza y la preparación del grano que ha de ser sembrado. Incluso estas imágenes que representan las tareas del campo están elaboradas con un gusto muy refinado y aunque reflejen la realidad del trabajo agrícola del mes, lo hacen con un trazo muy idealizado. Tanto los individuos representados, que no manifiestan la tensión del duro esfuerzo que realizan, como la minuciosa representación de los detalles confieren al conjunto ese aspecto plácido y un tanto lírico que caracteriza todo el Libro de Horas del Duque de Berry.
Como siempre, me alegraré si os ha gustado. Podéis ver más imágenes de este libro en
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Très_Riches_Heures_du_Duc_de_Berry Leer más...
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29 mar 2010
A Francis Frank, by Michael Hernandson without Love
http://usuarios.multimania.es/mhernandez/sueltos4.htm
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Tu famosa, tu mínima impotencia
desparramar intento
sin detener el paso ni un instante.
Para lo tal, me apeo en mi paciencia,
pulso un acordeón llorón de viento
y socarrón de voz, y ya es bastante.
Tu cornicabreada decrepitud purgente
exige estos reparos de escritura,
y con ellos ayudo a someterse,
no al manicomio, al tonticomio oscuro
que tu idiotez, sin mezcla de locura,
pide hasta que la muerte
venga a sacar tu vida de este apuro.
Llevas el corazón con cuello duro,
residuo de una momia milenaria,
concurso de idiotas,
que necesitas la alabanza diaria,
y descosido en la alabanza explotas.
Cocodrilito pequeñito, ñito,
lagartija de astucia,
mezquina, subterránea, con el rabo marchito,
y la mirada alcantarilla sucia.
Tarántula diabética y escuálida,
forúnculo político y gramático,
repúblico de triste mierda inválida,
oráculo, sarcófago enigmático.
Demócrata de dientes para fuera,
altares solicita tu zapato.
No hagas más reflexiones de topo y madriguera
en tu conejeril rincón de mentecato.
Humo soberbio, sapo que te hinches
cuando oyes un piropo:
disuélvete en berrinches,
resuélvete, desaparece, topo.
España no precisa
tu vaciedad de calabaza neta,
tu mezquindad que duele y que da risa,
tu vejez inconcreta,
venenosa, indecisa.
No te toca la sangre de los trabajadores,
sus muertes no salpican tu chaleco,
no te duelen sus ansias ni su lucha:
tu tiniebla trafica con sus puros fulgores,
su clamor no halla en ti ni voz ni eco,
tu vanidad su mismo ruido escucha
como un sótano seco.
Hay ojos que derraman raíces amorosas,
sobre tus ojos tienes
uñas que a hacerse dueñas de las cosas
avanzan por tus sienes.
Necesitan incienso e incensario
tu secundaria vida,
tu corazón de espino secundario,
tu soberbia de zarza consumida.
Sobre tu pedestal o tu peana,
monumento de oficio,
cuando tu salvación está cercana
quieres llevar un pueblo al precipicio.
Te rebuznó en el parto tu madre, y más valiera
a España que jamás te rebuznara
con esa cara de escobilla fiera,
de vieja zorra avara.
No llevarás mi pueblo a la derrota,
dictador fracasado, rey confuso,
y caerás por la punta de una bota
sobre tus flacos días puesta en uso.
28 de febrero de 1937, en Valencia.
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22:30
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El ingenio de un genio
Ayer 28 de marzo se produjo el 68º aniversario de la muerte de Miguel Hernández. Publico esta entrada en su honor. (Es un poco bestia)
MANDADO QUE MANDO A DON GIL DE
LAS CALZAS DE CEDA
A ese que lleva
robles a las espaldas del Gil y a las del corazón caca
Al Gil, gili, gilipo, gilipolla,
campana sin metal y sin badajo,
mando un millón de veces al carajo,
pues tanto pus episcopal apoya.
Su estupidez de carne de cebolla,
su ensotanada hiel, su alma de ajo
y su cara de culo y de gargajo
han de ser más quemados que fue Troya.
Vete, mariconazo: se te ha visto
bajo los pantalones el roquete
y bajo la mirada el ano hambriento.
Algún día estarás, me cago en Cristo,
dentro del purgatorio de un retrete
enunciando la mierda con tu aliento.
en
15:43
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Miguel Hernández,
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25 mar 2010
Chicolate y crispelles
CEUTA, 1928
Als quintos que havien de partir per fer el servei militar els obsessionava el tema del menjar. En aquests assumptes s’exercit tenia mala fama, ja es deia passar més fam que un soldat de Tarragona.
Evidentment si a Tarragona es passava gana, a Àfrica l’any 28 ho devien passar punyetero.
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Picar sobre l'imatge vos permetrà veure-la més clara
Enviar un paquet amb un poc de menjua era una odissea amb poques garanties d'arribar a Ìtaca. Puc imaginar-me caps d‘estafeta afamegats, carabiners d’aduanes amb paga molt minsa i furriels amb pocs escrúpols disposats a cobrar-se drets sobre tot lo que passava per les seves mans.
Es padrí Andreu, si llegiu sa carta ho veureu, no era de queixar-se però entre línees podem entendre que no anava gaire sobrat.
Rebre una caixeta amb recapte devia ser aigo beneïda. La carta de Mallorca amb noticies de Ses Salines reconfortava però els dies de neguit si l'esperat paquet es torbava ...
Na Margalida, sa seva germana, el devia agombolar a n’Andreu. S’hi mirava a l’hora de deixar-ho tot ben compost però així i tot es saïm en feia de ses seves. Ses ties de na Cati deien que es padrí era el veciat de sa mare però jo crec que en realitat era tan “desbaratat” que tenia tothom a ses ordres.
BARCELONA, 1975
L’altre grup “d’emigrants” que tradicionalment passen rusca són els estudiants.
Cinquanta anys més tard, estudiant de Barcelona, quan arribava una maleta ben assortida feiem una vega.
- Posa-hi un pa, una bossa de galletes maries i una d‘Inca, dues sobrassades i un pot de foie-gras.
- Senyora, i ses taronges?
- També, una bossa ben plena. Ja no pensavem amb sa llet, tanca bé sa botella que no vessi.
- És tot?
- Hi cap aquesta fiambrera d’escaldums? Au idò, en aquesta vorera. Ja pots tancar sa maleta.
El món era una festa. Una gernació d’amics anaven passant per Valls i Taberner 7 per atipar-se de botifarrons i coca de aubercoc.
Don fe d’haver traginat fins i tot una greixonera de brossat!
Son Drago, en aquell temps, era un rebost sense fons però noltros no escriviem unes cartes tan agraïdes com les del padrí Andreu.
24 mar 2010
Posar al dia
He intentat posar al dia l’apartat “temes per autor". No es gens fàcil, feia mes de un mes que no havia revisat les entrades . El cas es que no sé si m’he deixat coses al tinter, es ben possible perquè hi havia moltes entrades pendents i ja vos he avisat de que estic mental i físicament bastant torbada. Si qualcú troba a faltar coses digueu-ho hi els hi afegiré.
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